sábado, 11 de junio de 2011

Rebeldía

Puedes estar muy decidido. Como yo. Puedes tenerlo claro. Como yo. Puedes ir a por ello con todo lo que conlleva. Como yo. Bien. Es el principio de la batalla. O quizá la mitad. O quizá el comienzo del fin. Pero lo que está claro es que queda lucha despiadada por delante. Y lo que está claro es que te estás enfrentando a lo que has estado viviendo durante toda tu vida. Te estás enfrentando a ti mismo. Estás plantando cara a lo que te ha impedido ser lo que eres.

“Puede que lo intentes pero no puedes dejar de ser lo que eres, siempre estarás en lucha contigo mismo hasta que completes tu círculo” le decía el Coronel Trautman a Rambo en la tercera entrega de la saga.

Y hoy me enfrento a Dios. A ese Dios que no existe. A ese Dios falso que promete la felicidad si eres bueno. No, no me estoy volviendo ateo, ni mucho menos. Estoy enfrentándome como ya he dicho al Dios que no existe. Al Dios que han creado dentro de mí y que ha instaurado normas, dificultades e impedimentos para ser libre. Para completar mi círculo y ser lo que soy.
Y después... mi intención es clara, no voy a dejar de buscar. No voy a parar de moverme. Porque en lo más profundo de mí deseo que sí que haya un Dios. Un Dios que de respuesta a todos los sinsentidos de esta vida. A todas las cosas inexplicables. A todo el sufrimiento gratuito, desgracias y que de un sentido a todo esto que estamos viviendo. Pero no un Dios que me da miedo. Un Dios que no me deja expresarme, que no me deja rabiar, odiar, desesperarme, odiarle a Él cuando no comprendo y en definitiva un Dios que no me deja ser YO. No es una batalla fácil. Hay que hacerla con mucho cuidado, muy atento y sobre todo da mucho miedo. Pero una vez te das cuenta que ese es el camino hacia tu libertad, no hay marcha atrás. En realidad es muy sencillo... cuando en una relación (de amistad - pareja - de lo que sea), uno de los miembros con su influencia tiene doblegado al otro, no le permite expresarse, manifestarse, ser lo que es y, en definitiva, dar TODO lo que tiene en esa relación, es una relación viciada. Abocada al fracaso y a la infelicidad. Las verdaderas relaciones son las que se construyen a partir de varios individuos libres que han elegido tomar parte libremente en esa relación y en consecuencia se ven libres para poner en ella todo lo que tienen.

Dios: voy a por ti y te voy a aplastar.

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