Cada vez me voy dando más cuenta de la necesidad de romper. De romper con la gente, de romper con mi pasado interior. De dar a la gente lo que yo soy, no lo que yo quiero que ellos vean de mí. Y eso me asusta. Porque tiene un riesgo muy grande. Tiene el riesgo de que te pones tú en juego. Tiene el riesgo de que "puedes no gustar". Pero es necesario. Es necesario porque es así como empiezas a conocerte, a confiar en ti más que nunca y a querer a las personas de verdad. Ya no hay intereses de por medio. Ahora solo hay personas, con virtudes y defectos. Y si quieres es de forma gratuita, no interesada, no buscando nada. Me cuesta atreverme... tengo a mi alrededor construida una red que tengo que ir destruyendo poco a poco para transformarla en algo mucho más auténtico. Y por el camino pueden caer personas y seguridades. Por suerte eran falsas seguridades. Y eso me da miedo, porque aunque sean falsas las tengo bien agarraditas. Pero voy a por mi camino. El mío. De lo que estoy seguro es de que voy a encontrar muchas más cosas buenas que malas. Y cada vez voy a encontrar más la realidad. Porque para vivir en una mentira... ¿merece la pena vivir?
Un abrazo
lunes, 19 de diciembre de 2011
jueves, 8 de diciembre de 2011
Miedo
Mucho hacía que no me dejaba caer por estos lares. Solamente voy a contar que tengo miedo. Tengo miedo como siempre he tenido. Tengo miedo como he tenido toda la vida. Me han hecho creer que era una persona muy especial y no uno más y de tanto hacérmelo ver me lo he creído. Me he agarrado a eso fuertemente, durante toda mi vida, cada vez un poquito más, cada vez más, hasta que ha formado parte de mí. Un poco de la misma manera que el caballero de la armadura oxidada hacía de su armadura su cuerpo, así he sido yo. Ahora me encuentro cada vez más desnudo. Pero ya no me sostiene eso a lo que me agarré y por abajo hay mucho vacío... y a veces me caigo. Muy a menudo me caigo. Y me entra miedo. Más que miedo pánico. Sudo, no puedo dormir. Me siento impotente. Hasta que sea capaz de ir confiando cada vez más en mí y que no necesito agarrarme a nada que no sea yo mismo no estaré tranquilo. Lloro a menudo por la dificultad del camino. Me da miedo que sea infinito. Me da miedo que no lo soporte. En general, tengo mucho miedo.
Un abrazo.
Un abrazo.
sábado, 11 de junio de 2011
Rebeldía
Puedes estar muy decidido. Como yo. Puedes tenerlo claro. Como yo. Puedes ir a por ello con todo lo que conlleva. Como yo. Bien. Es el principio de la batalla. O quizá la mitad. O quizá el comienzo del fin. Pero lo que está claro es que queda lucha despiadada por delante. Y lo que está claro es que te estás enfrentando a lo que has estado viviendo durante toda tu vida. Te estás enfrentando a ti mismo. Estás plantando cara a lo que te ha impedido ser lo que eres.
“Puede que lo intentes pero no puedes dejar de ser lo que eres, siempre estarás en lucha contigo mismo hasta que completes tu círculo” le decía el Coronel Trautman a Rambo en la tercera entrega de la saga.
Y hoy me enfrento a Dios. A ese Dios que no existe. A ese Dios falso que promete la felicidad si eres bueno. No, no me estoy volviendo ateo, ni mucho menos. Estoy enfrentándome como ya he dicho al Dios que no existe. Al Dios que han creado dentro de mí y que ha instaurado normas, dificultades e impedimentos para ser libre. Para completar mi círculo y ser lo que soy.
Y después... mi intención es clara, no voy a dejar de buscar. No voy a parar de moverme. Porque en lo más profundo de mí deseo que sí que haya un Dios. Un Dios que de respuesta a todos los sinsentidos de esta vida. A todas las cosas inexplicables. A todo el sufrimiento gratuito, desgracias y que de un sentido a todo esto que estamos viviendo. Pero no un Dios que me da miedo. Un Dios que no me deja expresarme, que no me deja rabiar, odiar, desesperarme, odiarle a Él cuando no comprendo y en definitiva un Dios que no me deja ser YO. No es una batalla fácil. Hay que hacerla con mucho cuidado, muy atento y sobre todo da mucho miedo. Pero una vez te das cuenta que ese es el camino hacia tu libertad, no hay marcha atrás. En realidad es muy sencillo... cuando en una relación (de amistad - pareja - de lo que sea), uno de los miembros con su influencia tiene doblegado al otro, no le permite expresarse, manifestarse, ser lo que es y, en definitiva, dar TODO lo que tiene en esa relación, es una relación viciada. Abocada al fracaso y a la infelicidad. Las verdaderas relaciones son las que se construyen a partir de varios individuos libres que han elegido tomar parte libremente en esa relación y en consecuencia se ven libres para poner en ella todo lo que tienen.
Dios: voy a por ti y te voy a aplastar.
lunes, 6 de junio de 2011
Pesos
Son muchos los pesos que llevo encima.
Ya he aprendido a no dejar de caminar nunca, por más o menos pesos que lleve encima. Cuantos más pesos más cuesta andar, moverse, vivir, respirar. Más despacio habrá que caminar. Sé que tengo muchos pesos que no me corresponden. Esos son los más difíciles de quitarse. Da miedo deshacerse de ellos. Mucho miedo. Son supuestas seguridades, supuestos "si esto, entonces esto". Ya los conozco. Y por eso ya no los deseo. Me cargan mucho. Me impiden seguir caminando e incluso me dicen algunos "ey, pero si no tienes que seguir caminando" "si ya está todo hecho". Esos son los peores. Las peores mentiras que encierran esos pesos. Son la trampa de la negación. De la negación de que el mundo gira, 24h al día, 365 días al año. La negación de que las plantas crecen, el agua corre y las personas también crecen. Pero, ¿a quién no le atrae un "aquí tienes, tómate este caramelito y olvídate de todo lo demás, que no hay nada más que hacer salvo vivir y disfrutar"? Cuando toda tu vida ha sido tu alimento, tu peso... es lo que más cuesta de soltar. Pero conozco esa "mágica" carga. Y no la quiero. Paso de ella, prefiero moverme. Pero a día de hoy son muchos los pesos que cargo. Y me muevo con ellos, como puedo, unos días con más fuerza, otros con más cansancio, otros con desesperación... hay muchos días que le tengo que añadir a todo esto los pesos reales de la vida, con los que hay que lidiar como buenamente se puede. En definitiva... ¿estoy bien? bueno... estoy caminando, cansado, harto, con agujetas, pesado... así estoy. Cuando me libere de más pesos ya veremos qué tal camino.
miércoles, 20 de abril de 2011
When the chips are down ...
Y es que a la hora de la verdad... vas a estar solo. La gente tiene cosas que hacer. No es agradable tener que aguantar. No es agradable tener que consolar. Cuando más necesites llamar a alguien para quedar, ser abrazado y llorar... repasas tu lista de gente... ahí no hay nadie. Así que de la mierda sales tú solito. Y si tienes ganas de llorar, llora solo. Menos mal que tengo a mi lado a una persona muy especial que está incondicionalmente. Aunque bastante la he llorado ya... pero nunca podré estarle agradecido todo lo que ahí ha estado. Y es que tenía que escribir esto, porque ahora necesitaba llorar a alguien y ante la impotencia de que no tuviera a quién me ha entrado rabia. Quizá simplemente las cosas son así y me he vuelto a topar con la realidad una vez más... quizá yo esté equivocado... con el tiempo lo descubriré. Lo que sé seguro es que esta experiencia, no sé cómo pero la utilizaré en el futuro como un aprendizaje de calidad.
P.D. Gracias Mar, obviamente tú eres esa persona
P.D. Gracias Mar, obviamente tú eres esa persona
sábado, 9 de abril de 2011
Aceptación
Una vez más... estoy hecho un lío. Y estoy hecho un lío porque me queda lío para rato. Y porque un lío no se deshace en un momento. Un lío gordo de lana lleva un buen rato de deshacer y más si está apretado. Eso sí, cuando uno ve por qué se lió, ya no se va a volver a liar más. Y mucho menos mientras se va deshaciendo el lío.
Así que estoy en medio del lío... y de la aceptación. Qué difícil es aceptar!! Y qué es aceptar? Aceptar es admitir aquello que no nos gusta. Aquello que no me gusta. Y si me pongo a enumerar cosas no acabo. Puede incluso removérseme el estómago mientras me pongo a pensar en ello. Estoy ahora en el hospital, junto a mi padre. Pensaba en todo esto mientras venía para acá... la aceptación. Y quiero aceptar. Quiero y no sé. Porque no es fácil. Y eso no me gusta. Y como no me gusta no lo acepto. Y quiero aceptar eso que no me gusta y no puedo. Y eso no me gusta. Y así sucesivamente. Porque una de las raíces es la aceptación. Cuando a lo largo de tu vida solamente has aprendido a valorar aquello que es teóricamente bueno, aquello que a la vista está bien, aquello que... ocurre que vas rechazando lo malo. Lo dejas a un lado. Naturalmente te molesta porque está ahí... lo miras. Te preguntas por ello. Pero llega un momento en que no te afecta... y tú tan bueno. Tan guay. Tan divertido y tan feliz. Y de tanto rechazar, de tanto rechazar, de tanto no mirar y de tanto no aceptar... llegas a desarrollar miedo. Porque se está tan a gusto "viviendo" sin lo malo que al final lo que ya no te gusta tanto te da miedo no, pánico. Y llega la hora de la verdad ("when the chips are down", expresión que me encanta)... y tú tan fuerte con tus cositas buenas. Tan fuerte que... a la mierda!! te quedas arrinconado y acojonado. Ante una visión que te aterroriza. Ante unas perspectivas que quieres que no existan. Pero son reales...
Aceptar. Y escribo esto y me quedo tan a gusto. qué bonito es todo. Cuánta razón tengo. Y sé que es mentira. Que en realidad, aunque me voy conociendo, no acepto nada. Me da miedo la vida. Me dan miedo las cosas malas y por eso trato de mirar a otro lado. Al menos sé que no acepto las cosas... de momento eso basta.
He llegado al hospital. Mi padre está absolutamente "ido". Dicen que es por el efecto de la sedación, hasta que elimina toda (lleva ya 4 días eliminando) y la desorientación del hospital. El caso es que parece que está drogado, parece que está demente, parece que ... que se le ha pirado la pinza. Y me da miedo. Porque siempre he visto a mi padre tan "sensato" (y tan seguro en sus falsas seguridades) que verle así... da miedo. Y da miedo que no se recupere. Y al sentir ese miedo no quiero aceptarlo. Y vivir y aceptar ese miedo es muy distinto de decirse "tengo que aceptar las cosas que no me gustan". Y si en algún momento pensé que el camino iba a ser a partir de un punto más cuesta abajo, puedo afirmar que no lo será en ningún momento. Cuesta arriba, empinado y con piedras. Orgulloso de hacerlo. Con infinita pereza y deseo de que las cosas sean más fáciles. Llorando un poco cada día por el dolor y encontrando regocijo en mis partes más pulsionales e infantiles. Ahí lo dejo.
Así que estoy en medio del lío... y de la aceptación. Qué difícil es aceptar!! Y qué es aceptar? Aceptar es admitir aquello que no nos gusta. Aquello que no me gusta. Y si me pongo a enumerar cosas no acabo. Puede incluso removérseme el estómago mientras me pongo a pensar en ello. Estoy ahora en el hospital, junto a mi padre. Pensaba en todo esto mientras venía para acá... la aceptación. Y quiero aceptar. Quiero y no sé. Porque no es fácil. Y eso no me gusta. Y como no me gusta no lo acepto. Y quiero aceptar eso que no me gusta y no puedo. Y eso no me gusta. Y así sucesivamente. Porque una de las raíces es la aceptación. Cuando a lo largo de tu vida solamente has aprendido a valorar aquello que es teóricamente bueno, aquello que a la vista está bien, aquello que... ocurre que vas rechazando lo malo. Lo dejas a un lado. Naturalmente te molesta porque está ahí... lo miras. Te preguntas por ello. Pero llega un momento en que no te afecta... y tú tan bueno. Tan guay. Tan divertido y tan feliz. Y de tanto rechazar, de tanto rechazar, de tanto no mirar y de tanto no aceptar... llegas a desarrollar miedo. Porque se está tan a gusto "viviendo" sin lo malo que al final lo que ya no te gusta tanto te da miedo no, pánico. Y llega la hora de la verdad ("when the chips are down", expresión que me encanta)... y tú tan fuerte con tus cositas buenas. Tan fuerte que... a la mierda!! te quedas arrinconado y acojonado. Ante una visión que te aterroriza. Ante unas perspectivas que quieres que no existan. Pero son reales...
Aceptar. Y escribo esto y me quedo tan a gusto. qué bonito es todo. Cuánta razón tengo. Y sé que es mentira. Que en realidad, aunque me voy conociendo, no acepto nada. Me da miedo la vida. Me dan miedo las cosas malas y por eso trato de mirar a otro lado. Al menos sé que no acepto las cosas... de momento eso basta.
He llegado al hospital. Mi padre está absolutamente "ido". Dicen que es por el efecto de la sedación, hasta que elimina toda (lleva ya 4 días eliminando) y la desorientación del hospital. El caso es que parece que está drogado, parece que está demente, parece que ... que se le ha pirado la pinza. Y me da miedo. Porque siempre he visto a mi padre tan "sensato" (y tan seguro en sus falsas seguridades) que verle así... da miedo. Y da miedo que no se recupere. Y al sentir ese miedo no quiero aceptarlo. Y vivir y aceptar ese miedo es muy distinto de decirse "tengo que aceptar las cosas que no me gustan". Y si en algún momento pensé que el camino iba a ser a partir de un punto más cuesta abajo, puedo afirmar que no lo será en ningún momento. Cuesta arriba, empinado y con piedras. Orgulloso de hacerlo. Con infinita pereza y deseo de que las cosas sean más fáciles. Llorando un poco cada día por el dolor y encontrando regocijo en mis partes más pulsionales e infantiles. Ahí lo dejo.
Aceptación
Una vez más... estoy hecho un lío. Y estoy hecho un lío porque me queda lío para rato. Y porque un lío no se deshace en un momento. Un lío gordo de lana lleva un buen rato de deshacer y más si está apretado. Eso sí, cuando uno ve por qué se lió, ya no se va a volver a liar más. Y mucho menos mientras se va deshaciendo el lío.
Así que estoy en medio del lío... y de la aceptación. Qué difícil es aceptar!! Y qué es aceptar? Aceptar es admitir aquello que no nos gusta. Aquello que no me gusta. Y si me pongo a enumerar cosas no acabo. Puede incluso removérseme el estómago mientras me pongo a pensar en ello. Estoy ahora en el hospital, junto a mi padre. Pensaba en todo esto mientras venía para acá... la aceptación. Y quiero aceptar. Quiero y no sé. Porque no es fácil. Y eso no me gusta. Y como no me gusta no lo acepto. Y quiero aceptar eso que no me gusta y no puedo. Y eso no me gusta. Y así sucesivamente. Porque una de las raíces es la aceptación. Cuando a lo largo de tu vida solamente has aprendido a valorar aquello que es teóricamente bueno, aquello que a la vista está bien, aquello que... ocurre que vas rechazando lo malo. Lo dejas a un lado. Naturalmente te molesta porque está ahí... lo miras. Te preguntas por ello. Pero llega un momento en que no te afecta... y tú tan bueno. Tan guay. Tan divertido y tan feliz. Y de tanto rechazar, de tanto rechazar, de tanto no mirar y de tanto no aceptar... llegas a desarrollar miedo. Porque se está tan a gusto "viviendo" sin lo malo que al final lo que ya no te gusta tanto te da miedo no, pánico. Y llega la hora de la verdad ("when the chips are down", expresión que me encanta)... y tú tan fuerte con tus cositas buenas. Tan fuerte que... a la mierda!! te quedas arrinconado y acojonado. Ante una visión que te aterroriza. Ante unas perspectivas que quieres que no existan. Pero son reales...
Aceptar. Y escribo esto y me quedo tan a gusto. qué bonito es todo. Cuánta razón tengo. Y sé que es mentira. Que en realidad, aunque me voy conociendo, no acepto nada. Me da miedo la vida. Me dan miedo las cosas malas y por eso trato de mirar a otro lado. Al menos sé que no acepto las cosas... de momento eso basta.
He llegado al hospital. Mi padre está absolutamente "ido". Dicen que es por el efecto de la sedación, hasta que elimina toda (lleva ya 4 días eliminando) y la desorientación del hospital. El caso es que parece que está drogado, parece que está demente, parece que ... que se le ha pirado la pinza. Y me da miedo. Porque siempre he visto a mi padre tan "sensato" (y tan seguro en sus falsas seguridades) que verle así... da miedo. Y da miedo que no se recupere. Y al sentir ese miedo no quiero aceptarlo. Y vivir y aceptar ese miedo es muy distinto de decirse "tengo que aceptar las cosas que no me gustan". Y si en algún momento pensé que el camino iba a ser a partir de un punto más cuesta abajo, puedo afirmar que no lo será en ningún momento. Cuesta arriba, empinado y con piedras. Orgulloso de hacerlo. Con infinita pereza y deseo de que las cosas sean más fáciles. Llorando un poco cada día por el dolor y encontrando regocijo en mis partes más pulsionales e infantiles. Ahí lo dejo.
Así que estoy en medio del lío... y de la aceptación. Qué difícil es aceptar!! Y qué es aceptar? Aceptar es admitir aquello que no nos gusta. Aquello que no me gusta. Y si me pongo a enumerar cosas no acabo. Puede incluso removérseme el estómago mientras me pongo a pensar en ello. Estoy ahora en el hospital, junto a mi padre. Pensaba en todo esto mientras venía para acá... la aceptación. Y quiero aceptar. Quiero y no sé. Porque no es fácil. Y eso no me gusta. Y como no me gusta no lo acepto. Y quiero aceptar eso que no me gusta y no puedo. Y eso no me gusta. Y así sucesivamente. Porque una de las raíces es la aceptación. Cuando a lo largo de tu vida solamente has aprendido a valorar aquello que es teóricamente bueno, aquello que a la vista está bien, aquello que... ocurre que vas rechazando lo malo. Lo dejas a un lado. Naturalmente te molesta porque está ahí... lo miras. Te preguntas por ello. Pero llega un momento en que no te afecta... y tú tan bueno. Tan guay. Tan divertido y tan feliz. Y de tanto rechazar, de tanto rechazar, de tanto no mirar y de tanto no aceptar... llegas a desarrollar miedo. Porque se está tan a gusto "viviendo" sin lo malo que al final lo que ya no te gusta tanto te da miedo no, pánico. Y llega la hora de la verdad ("when the chips are down", expresión que me encanta)... y tú tan fuerte con tus cositas buenas. Tan fuerte que... a la mierda!! te quedas arrinconado y acojonado. Ante una visión que te aterroriza. Ante unas perspectivas que quieres que no existan. Pero son reales...
Aceptar. Y escribo esto y me quedo tan a gusto. qué bonito es todo. Cuánta razón tengo. Y sé que es mentira. Que en realidad, aunque me voy conociendo, no acepto nada. Me da miedo la vida. Me dan miedo las cosas malas y por eso trato de mirar a otro lado. Al menos sé que no acepto las cosas... de momento eso basta.
He llegado al hospital. Mi padre está absolutamente "ido". Dicen que es por el efecto de la sedación, hasta que elimina toda (lleva ya 4 días eliminando) y la desorientación del hospital. El caso es que parece que está drogado, parece que está demente, parece que ... que se le ha pirado la pinza. Y me da miedo. Porque siempre he visto a mi padre tan "sensato" (y tan seguro en sus falsas seguridades) que verle así... da miedo. Y da miedo que no se recupere. Y al sentir ese miedo no quiero aceptarlo. Y vivir y aceptar ese miedo es muy distinto de decirse "tengo que aceptar las cosas que no me gustan". Y si en algún momento pensé que el camino iba a ser a partir de un punto más cuesta abajo, puedo afirmar que no lo será en ningún momento. Cuesta arriba, empinado y con piedras. Orgulloso de hacerlo. Con infinita pereza y deseo de que las cosas sean más fáciles. Llorando un poco cada día por el dolor y encontrando regocijo en mis partes más pulsionales e infantiles. Ahí lo dejo.
domingo, 20 de marzo de 2011
Me siento débil
Hace mucho que no escribía en el blog. Quizá por pereza, quizá porque no tenía nada que decir, quizá porque lo que llevaba dentro era tan personal que no quería compartirlo y solamente quería guardarlo para mí.
Bueno, hoy escribo porque estoy débil. Llevo ya unos días estando débil (en realidad hace mucho mucho tiempo que no me siento medianamente fuerte), pero hoy trato de aceptar mi debilidad interior aunque no me gusta. Siento que soy muy fácil de derribar ahora mismo, que cualquiera me puede hacer llorar y que tengo que hacer las cosas despacito, probando y con cuidado para coger soltura. Puede sonar raro pero es muy real. Quizá sea así porque estoy bastante desnudo interiormente... y es que estoy estableciendo raíces. Poco a poco van muriendo las raíces erróneas y sin sentido y que no pueden crecer en mi interior (aunque se resisten a muerte) y estoy empezando a poner mis propias semillas para que arraiguen en mí. Y casi me encuentro en tierra de nadie, puesto que aún no me fío al 100% de esas semillas y además... ¡son semillas! qué poca cosa! Lo bueno de la vida, es que hace que las semillas crezcan. Y con un buen regado, plantando más semillas y con paciencia y constancia se acaban convirtiendo en troncos fuertes que tienen muchas ramas y con mucha vida. Pues a regar se ha dicho... eso sí... ¿paciencia? ¿constancia? ¿tiempo? uffff
Bueno, estoy muy débil pero un poco optimista aunque también con mucho miedo...
Un abrazo.
Bueno, hoy escribo porque estoy débil. Llevo ya unos días estando débil (en realidad hace mucho mucho tiempo que no me siento medianamente fuerte), pero hoy trato de aceptar mi debilidad interior aunque no me gusta. Siento que soy muy fácil de derribar ahora mismo, que cualquiera me puede hacer llorar y que tengo que hacer las cosas despacito, probando y con cuidado para coger soltura. Puede sonar raro pero es muy real. Quizá sea así porque estoy bastante desnudo interiormente... y es que estoy estableciendo raíces. Poco a poco van muriendo las raíces erróneas y sin sentido y que no pueden crecer en mi interior (aunque se resisten a muerte) y estoy empezando a poner mis propias semillas para que arraiguen en mí. Y casi me encuentro en tierra de nadie, puesto que aún no me fío al 100% de esas semillas y además... ¡son semillas! qué poca cosa! Lo bueno de la vida, es que hace que las semillas crezcan. Y con un buen regado, plantando más semillas y con paciencia y constancia se acaban convirtiendo en troncos fuertes que tienen muchas ramas y con mucha vida. Pues a regar se ha dicho... eso sí... ¿paciencia? ¿constancia? ¿tiempo? uffff
Bueno, estoy muy débil pero un poco optimista aunque también con mucho miedo...
Un abrazo.
miércoles, 2 de febrero de 2011
Qué hacer...
Qué hacer cuando pierdes la esperanza... cuando no hay respuesta... cuando no entiendes, no comprendes, tus preguntas son "por qué" "por qué" "por qué" ... cuando en realidad tu fuerza de voluntad se ve doblegada por la apabullante realidad y no sabes cómo seguir... y tus fuerzas merman, tu esperanza se agota, te sientes cansado, harto y desilusionado, incapaz de querer, de amar y de entender nada... qué hacer... llorar y nada más. Supongo que de nada sirve hacer otras cosas.
Me niego, me niego y me niego
Es superior a mis fuerzas. Me envuelve sin darme cuenta. Aunque lo conozco, no lo puedo evitar y lo único que puedo hacer es llorar y aceptar que no soy yo. Es mi pasado reciente. Mi estado de superioridad. Mi estado de control del mundo. Mi estado de comodidad. Mi gran falacia. Sigo luchando contra ello. Porque sé que no es verdad. Porque sé que no soy yo. Porque sé que no me permite amar a las personas que tengo a mi lado, sino situarlas en una posición inferior (o superior, si alimentan esa basura). Cuando parece que estás ganando ya un pulso aparece. De forma sutil. De forma que no te des cuenta. Pero enseguida lo notas porque ya lo conoces. Porque sabes que no es así. Porque sabes que eso te quita los pies del mundo. Y sabes todo lo que pierdes con ello. Y lo único que puedes hacer es agachar la cabeza, desesperarte, llorar, perder la esperanza... y escribir en tu blog. Sincerarte en tu blog. ¿Para qué? para "dejar sentada" tu verdad y manifestarte a ti mismo el rechazo a eso. Pero en el fondo ¿para qué? para sentirte mejor... para que todo esté estupendo de nuevo, controlado, sin miedos... te molestan las cosas y las quieres quitar de en medio. Es más de lo mismo. Cuando te envuelve te envuelve. Te jodes. No es fácil joderse.
lunes, 17 de enero de 2011
Hecho un lío y cada vez con más miedos...
Pues hoy estoy hecho un lío. No sé ni lo que quiero o quizá sí lo sé pero me cuesta ir a por ello por todas las cosas que me lo impiden. Son tentaciones del pasado, de ser como uno debe ser, de no hacer tal, de no hacer cual... Son cosas que me paralizan, que no me dejan encontrarme a mí mismo. Encima me enfrento a un mundo donde las seguridades son cero. No hay nada seguro. Dejo de escribir. Una vez más mi familia me carga de obligaciones y pasa de mí y de cómo me puedo sentir. No tengo ganas de seguir escribiendo. Ya retomaré.
