lunes, 9 de agosto de 2010

Huida

Anoche mientras estaba en la cama conseguí resolver el mundo. Por fin. Una vez más. Lo hice. Me gusta mucho resolver el mundo. Bueno, supongo que lo realmente importante es darte cuenta a tiempo que no estás resolviendo nada pero te encuentras tan a gustito contigo mismo. Lo cierto es que todo empezó cuando me puse a pensar en el ejercicio. Un tipo al que le gusta el deporte como a mí... y se empieza a plantear un programa de ejercicio serio, disciplinado, para mejorar estéticamente, para sentirte bien contigo mismo, para tener unas metas. Ya hice esto anteriormente. Y gracias a Dios he conseguido dejarlo atrás. Ahora ya solo hago el deporte que me gusta y he dejado el que no presentaba ninguna diversión añadida sino unos resultados puramente estéticos (sí, hacer pesas es un COÑAZO). Pero de pronto me vi una vez más planeando el meterme un programa intensivo destinado a todo esto que he descrito. Y una parte del pasado se me echó encima. Y me di cuenta enseguida de por qué quería hacer esto. No son pocos los problemas personales que cada uno tiene dentro. No son pocas las cosas que a cada uno le insatisfacen. Solamente echemos un vistazo a los demás. Observa bien. Si en algún momento has envidiado algo de la forma de vivir de los demás es que algo anda mal dentro de ti. Y enseguida le puse nombre a este tipo de actitudes. Se llama "huida". En mi caso es así, en el resto de personas se disfrazan de otras formas. Hay gente que se vuelve adicta al trabajo, no puede estar sin hacer nada. Otros se drogan, otros consumen... Pero enseguida me di cuenta de que es la misma máscara todo el tiempo. Es la misma huida. Huida de uno mismo. Y huyes porque no te atreves a solucionar tus problemas. Porque no sabes exactamente cuales son. Bueno, en realidad muchas veces lo sabes pero no eres capaz de tomar las decisiones necesarias para solucionarlos. Por eso, por mi parte, enseguida rechacé mi huida y decidí seguir con mi tarea de poner mis cosas al día. Poquito a poquito. Con ganas de conseguirlo pero a la vez con muchas ganas de HUIR de ellas. En ese momento estaba a mi lado mi fantástica novia y estuvimos un rato charlando del asunto. Estuvimos hablando de sus amigos/as y sus situaciones personales. Sus problemas, y sobre todo sus HUIDAS. Si hay algo que me encanta últimamente es ser el crítico que puede ver en los demás el bien y el mal. Ser juez. La moneda que hay que dar a cambio de esto es que hay que permitir que los demás sean también jueces. Algún día conseguiré dejar a los demás en paz y amarles incondicionalmente tal y como son, estoy en camino y quiero conseguirlo, lo prometo, pero aún me es inevitable emitir juicios para mí mismo. Dejadme que me divierta un poco con ello, al fin y al cabo he estado tanto tiempo sin permitírmelo... Como decía Sabina "la salsa de tomate de las heridas se cura con un chute de vanidad". Pero volviendo a donde estábamos, en la charla entre Mar y yo, de pronto sentimos un poco la miseria de nuestra generación. Lo que tantas veces habíamos oído de forma teórica. Lo que ya sabíamos. Pero bueno, todos conocemos la estupidez de la teoría. Hasta que no lo sientes en la práctica... no vale nada. Y me vi a mismo en ese momento con mis deseos de obtener las sensaciones, las promesas que la publicidad nos vende. Me vi en esos momentos en que viendo algún anuncio de algo había deseado sentirme tan libre como los personajes del mismo. Y sí, colegas, eso es lo que tenemos en la cabeza. Triunfar. Ser más. Lograr estar arriba. Y todo lo que se escape de eso no vale. Y como la vida no va de eso, en el fondo sentimos una frustración que ni siquiera sabemos de dónde viene. Y al final huimos. Huimos en la búsqueda de eso que no tiene en el fondo nada que ver con nuestros deseos, con nuestro corazón. Y así nos quedamos Mar y yo. Meditando. Y viendo perfectamente la radiografía básica que habíamos hecho de nuestra sociedad/generación. Y un poquito con la sensación de que habíamos encontrado el problema. Podíamos resolver el mundo!!! SÍ!!! Otra vez más. Bueno, luego ya nos tumbamos un poquito y decidimos dejar a cada uno que resolviera su trocito de mundo, que el mundo para los dos solitos era un poco grande. Así que, una vez más, y como cada día, decidimos resolvernos a nosotros mismos en vez de huir... lo difícil es que la huida es una decisión que tomas en un momento y ya has huido... luchar por ti mismo es una decisión que has de tomar todos los días de tu vida en vez de la huida. Pero como el que practica cualquier deporte, a la larga se van notando los progresos. Y lo aseguro. Un abrazo.

1 comentarios:

María del Mar dijo...

¡¡Amore!! Ese es, precisamente, nuestro punto fuerte. Ser conscientes de nuestros límites, de nuestros defectos y fallos, y llorar por ellos.

¡Saldremos!

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